No me ha gustado. De hecho, creo que es la peor película de Naomi Kawase (aunque la peor película de Naomi Kawase será la mejor de otros muchos). Creo que en Una pastelería en Tokio caminaba sobre la cuerda floja y lograba salir airosa. Aquí se va al suelo a los primeros pasos y ya no se levanta. Al contrario. La mezcla de las dos películas no acaba de cuajar (¿es solo a mí al que me parece la otra película, sobre la que están trabajando, el horror? ¿realmente alguien puede conmoverse con esas imágenes subidas de azúcar hasta el espanto, cuenten lo que cuenten?). Sí, Kawase surge aquí y allá, porque su fuerza como directora está más que probada, pero para mí se ahoga en muchas malas decisiones. Por ejemplo, si el protagonista es, después de todo, un ser bastante asocial, se pone a participar en la reuniones esas... No me encaja (pero bueno, a mi me encanta el cine hongkonés de los noventa... no voy a reivindicar el realismo en el cine). La banda sonora tampoco me parece muy allá (cosas de las coproducciones, en este caso con Francia). En fin, creo que se pierde continuamente sin saber muy bien qué quiere (como la protagonista).
Kawase creo que se ha instalado ya en un cine comercial mal entendido (o bien, si tiene espectadores, claro). Y, bueno, si uno no hubiera vista nada suyo, pues vale, sería una película más de tantas que se hacen, con ratos de sensibilidad y buen hacer. Así me parece un poco triste. Aunque, seamos sinceros, de no haberla dirigido ella, seguramente ni la hubiera visto...