Al empezar a verla me pareció un poco "ideológica", película experimetal jipi psicodélica de principios y todo eso, y hasta en esos primeros 15 minutos pensé en pararla a la mitad y ver la 2ª parte mañana...
Siempre suelo todas las noches ver dos películas, pero en este caso a los 5 minutos de la siguiente tuve que quitarla porque era incapaz ni de concertrarme ni de meterme en lo que me contaban. Esta maldita demostración de cine por encima del cine me dejó con la cabeza incapaz de concentrarme en algo aparte de todo lo que finalmente termina transmitiéndome Terayama con estas 100 películas en una, cada una con un sentimiento distinto y con la percepción de ver a alguien que de verdad, y esta vez si que de verdad, se tomó el hecho de rodar una película como algo por encima del medio, como algo único y que ya volverá a ser irrepetible, buscando y encontrando como decirle al espectador que una película es mas que un trabajo de rodaje y de gente actuando tras la cámara, que es vida y es sentimiento.
Casi (o sin "casi") se podría escribir un manifiesto explorando el porqué de cada escena, de sus diálogos, y sobre todo de esas infinitas metáforas (la del lagarto me impresionó, la verdad) que componen este retrato de un pais, de una familia, de unos seres humanos, de casi todo lo que se me ocurra.
Intentar hacerse el listillo con esta película es llevar las de perder, y quizás es lo que me pasó al principio.